El secreto de Carcaboso

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El secreto de Carcaboso no radica en acciones puntuales sino en un modelo de política persiguiendo siempre los mismos objetivos, el bien común y el apoyo mutuo.

Tratar de resumir las acciones desarrolladas en Carcaboso durante estos 11 años, desde que Alberto Cañedo Carpintero, asumiera la responsabilidad de la alcaldía, hasta hoy, con Lorena Rodríguez Lucero al cargo, sería complicado sin atender a estos dos conceptos.

Muchos municipios han desarrollado alguno de los proyectos que ahora se encuentran en marcha en Carcaboso, pero difícilmente podamos encontrar ningún ejemplo en el que cada uno sea la consecuencia del anterior y todos estén interrelacionados de la forma en que lo están en Carcaboso, ya que, como señalábamos al principio, no se trata de una simple gestión de proyectos sino de un modelo de  política social.

Este modelo adquiere además mayor relevancia ante la persistente y agotadora labor de acoso de una oposición empeñada en derrocar este proyecto, y restaurar la vieja política continuista y rancia que promulgan los partidos tradicionalistas.

Para comprender el modelo es necesario situarse en el contexto sociodemográfico de Carcaboso en el año 2005 y previos.

Carcaboso era una localidad que vivía casi en exclusiva de la construcción. Los lunes decenas de furgonetas partían de la localidad cargadas de vecinos de la misma, para trabajar en este ramo en Madrid o alrededores. Durante la semana se convertía en un pueblo casi exclusivamente de mujeres y tan solo el fin de semana recobraba algo de vida familiar, alentado por la solvencia económica que esta actividad le deparaba.

El fin de la burbuja inmobiliaria se cebó, como era lógico, especialmente con la localidad, alcanzando cuotas de desempleo de hasta el 50% y castigando duramente a sus familias, por lo que era perentoria una actuación inmediata en busca de soluciones.

Mientras los pueblos de alrededor se dedicaban a buscar remedo en planes de formación centrados en los mismos orígenes de la crisis, Alberto Cañedo, gran defensor de la agricultura y ganadería ecológicas, planteaba estas como posibles nichos de mercado y emprendimiento.

Así podemos situar el origen del “modelo Carcaboso” en la inauguración del centro agroecológico demostrativo, germen de todos los proyectos posteriores que se desarrollarían entorno a estos sectores.

El centro, ubicado en las antiguas escuelas de Valderrosas, un espacio infrautilizado y casi ruinoso que se recuperó con recursos propios del ayuntamiento, acogió en principio un curso de agricultura ecológica, del que partieron proyectos como los huertos municipales, los gallineros comunitarios, etc. Hoy en día es un centro homologado para certificado de profesionalidad.

Carcaboso, integrándose en redes nacionales de promoción de la agricultura ecológica, como la red Terrae, los territorios reserva o proyectos como el tredar, comenzó a dar oportunidades a aquellas familias que querían buscar en la agroecología un medio de sustento, si no definitivo sí al menos que garantizara cierta autosuficiencia. Se repartieron terrenos entre las familias interesadas y se pusieron a su disposición los medios, no solo para la formación y desarrollo, sino también para la comercialización.

Una vez iniciados en las ventas directas de productos frescos comenzaron a surgir otras posibilidades en forma de aprovechamiento de los excedentes. Así, algunas de las familias que ya comercializaban sus productos, empezaron a elaborar conservas vegetales que garantizaban su reutilización. Para ello el ayuntamiento, una vez más, se erigió en impulsor de la iniciativa, y, mediante un registro sanitario municipal, concedido a las instalaciones de la cocina del centro de día, dinamizó un proyecto que durante los dos primeros años permitió que vecinas y vecinos se iniciaran en este proceso. Fruto del mismo surgió una iniciativa particular que ahora comercializa a toda España.

Mientras el pueblo se desmarcaba de las políticas tradicionales con medidas en ocasiones polémicas, pero que respaldaban el modelo que se estaba defendiendo. Así se convirtió en uno de los primeros municipios de España en declararse libre de transgénicos, de economía del bien común e incluso insumiso al TTIP, cuando aún apenas nadie conocía este tratado de libre comercio que amenazaba especialmente las economías locales.

A la par, los herbicidas y pesticidas desaparecían de los gastos municipales y las flores ornamentales de los jardines municipales se convertían en verduras y hortalizas que alimentaban a sus vecinas y vecinos, que complementaban sus dietas con las producciones de los gallineros comunitarios, o se experimentaba con nuevos cultivos como el kiwi, el arándano o la frambuesa.

Los premios por estas iniciativas empezaban a llover, y así el pueblo conseguía alzarse en dos ocasiones con el galardón Conama, en una con el premio Adenex o más recientemente con el premio de UNESCO Extremadura. Todos ellos valorando un modelo continuo de desarrollo local.

La base de todas estas políticas se encierran en una máxima “piensa global, actúa local”, frase repetida hasta la saciedad tanto por Alberto Cañedo como por Lorena Rodríguez, y que han convertido en un credo de su forma de entender  la acción de gobierno.

Así, la responsabilidad social en las contrataciones, en contra de la tradicional máxima exclusivamente económica, se convirtió en la línea transversal a todas estas decisiones, defendiendo lo local tanto en las compras, como en las licitaciones o las contrataciones públicas. De esta manera incluso los establecimientos de la zona se contagiaron de la fórmula estableciendo menús y ofertas de kilómetro cero en acuerdo con los productores locales.

Pero el modelo de sostenibilidad va más allá de la agricultura y la ganadería, apostando también por fórmulas de aprovechamiento de las energías renovables, como es la alimentación por energía solar de la estación de bombeo de agua municipal, o de depuración de las aguas mediante técnicas naturales.

En el cajón, y con claros visos de un futuro cercano, descansan aún proyectos que, por las dificultades que impone la cerrazón de quienes no comparten estos modelos, aún no han podido desarrollarse, pero que sin duda pronto verán la luz, como son los rebaños bomberos, la producción artesanal de lácteos, la emisora municipal de radio, enfocada al desarrollo de un espíritu crítico entre los más jóvenes, etc. Proyectos que garantizan un futuro al modelo y que evidencian que, aunque se haya avanzado mucho, aún queda mucho por hacer.

No obstante, y tal como decíamos antes, las dificultades son muchas, derivadas de una oposición, liderada por los intereses personalistas de dos hermanos  que durante décadas se han dedicado a dinamitar las iniciativas de progreso en el municipio, que impide que muchos de los proyectos salgan adelante.

Claro ejemplo de esta situación es la realidad vivida por la alcaldesa de la localidad durante este más de año y medio que pasa desde que se iniciara la última legislatura, que se ha visto privada de percepción salarial alguna por un acuerdo tácito entre los dos grupos de la oposición. Además, el pleno municipal, en el que Lorena y su equipo gobiernan en minoría, ha derribado con los votos de la oposición al unísono, por una cuestión exclusivamente destructiva, mociones tan evidentes como un reglamento de participación ciudadana, una ordenanza de transparencia municipal, un pacto por la educación, la ya mencionada emisora municipal, la puesta en marcha de una aplicación móvil de participación ciudadana que, además, resultaba gratuita para el consistorio, y un sinfín de propuestas que son rechazadas por el simple hecho de proceder del equipo de gobierno.

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